Por qué la industria del café de especialidad debería hacer un gran esfuerzo por adoptar el diseño inclusivo – 25 Magazine, Issue 8

Por qué la industria del café de especialidad debería hacer un gran esfuerzo por adoptar el diseño inclusivo – 25 Magazine, Issue 8

CCuando escuchamos las palabras «inclusivo o accesible», ¿qué imágenes se nos vienen a la cabeza inmediatamente?

HOBY WEDLER y TREY MALONE intentan comprender y aplicar mejor la práctica del diseño inclusivo y cómo representa un gran beneficio para la industria del café de especialidad.

Al igual que nosotros, usted podría pensar en algo relacionado con las leyes internacionales sobre discapacidad o en cómo trabajar para hacer que la tecnología sea más accesible a la gente con discapacidad. La idea de «Diseñando para la inclusividad» suele quedar relegada al sector de las personas discapacitadas, y usarse específicamente para referirse a lo accesible que son las cosas para personas con discapacidades, aunque debería (y puede) abarcar mucho más.

La inclusividad y la accesibilidad son el núcleo de nuestros negocios y de nuestras filosofías. Para nosotros, ser inclusivo es el acto de hacer del mundo un lugar que nos incluya a todos, sin importar quiénes seamos. Y, como hemos descubierto en nuestro trabajo, mejorar la disponibilidad (accesibilidad) y la consistencia (comodidad) de las cosas para un grupos de gente, a menudo mejora la experiencia para muchos otros fuera del grupo al que se está intentando ayudar en primera instancia. Aclaremos este punto con un ejemplo.

 El escuadrón sobre ruedas

Piense por un momento en las rampas para sillas de ruedas – posiblemente se las encuentre a diario. Todos tendemos a dar por hecho que están ahí. Las rampas para sillas de ruedas o «cortes en las aceras» aparecieron en los años 60 en la ciudad de Berkeley, EE.UU., cuando Ed Roberts, el proclamado padre de los derechos de los minusválidos, trabajó con un grupo de amigos y seguidores para convencer al ayuntamiento de Berkeley de que los usuarios de sillas de ruedas necesitaban acceder a las calles y a las aceras sin necesidad de ayuda.

Roberts y sus amigos se llegaron a hacer llamar «The Rolling Squad» (El escuadrón sobre ruedas). Cada semana, literalmente rodaba hasta el ayuntamiento y explicaba lo limitante que puede llegar a ser estar en una silla de ruedas e intentar ir a lugares donde no existan rampas ni reciban asistencia personal. Finalmente, se instalaron rampas para sillas de ruedas en todo Berkeley.

Los que iban en silla de ruedas suponían un mínimo porcentaje de la población total que usaba las rampas, pero desde que se colocaron en las calles de Berkeley, la población notó que la circulación se hacía más fluida. Los ciclistas utilizaban permanentemente estas rampas. La gente que hacía la compra con carritos llenos de productos, patinadores, ciclistas, los que llevaban carritos de bebés o trolleys… Ahora, ya se da por hecho que esas rampas están ahí. Al pensar en la introducción de esas rampas nos preguntamos: ¿Y cómo nos las arreglábamos antes de que existiesen las rampas? Las rampas se habían diseñado para los usuarios de sillas de ruedas, sin embargo beneficiaban a un segmento mucho más amplio de población: esto es lo que queremos decir cuando argüimos que la accesibilidad y la inclusividad tienen una definición más amplia.

¿Es posible la inclusividad?

¿Es realmente posible el café de especialidad? Podemos argumentar que lo es, puesto que está pensado específicamente para sus consumidores, pero la mayoría de nosotros tenemos algún familiar o conocido que probablemente nunca haya pisado una cafetería de especialidad porque simplemente prefieren el «café normal». ¡Pero, ¿qué es el «café normal»?!

Como industria del café de especialidad, por el hecho de existir ya dejamos claro que queremos diferenciarnos de otras entidades que no son de café de especialidad. Algunos podrían argumentar que el «café normal» (o el café de consumo, si así lo preferimos), es más inclusivo y accesible en base exclusivamente a que es más cómodo para sus consumidores. ¿La inclusividad y la artesanía son mutuamente excluyentes? ¿Podemos diferenciarnos del sector del café de consumo y seguir siendo inclusivos y accesibles?

Tomemos la industria de la cerveza como ejemplo: Hace 10 años, resultaba difícil encontrar una tienda que ofreciera cervezas artesanas. Si deseábamos productos «artesanos» en lugar de productos domésticos o importados, hemos de saber dónde encontrarlos. Hoy, en los EE.UU., hay muy pocos lugares que vendan alcohol en los que no haya al menos una cerveza que pueda considerarse «artesanal». De alguna manera, unos pocos fabricantes de cerveza de los años 80 fueron capaces de convencer a la población de que existía una diferencia entre lo que estaban haciendo y lo que había disponible en el mercado, y que lo que ellos elaboraban era sabroso, interesante y merecía que le prestaran atención.

Cuando compramos vino o cerveza en una tienda, están listos para consumir: simplemente hay que abrir la botella y disfrutarlos. Históricamente, este no ha sido nunca el caso del café. La unidad típica de producto que podemos almacenar es un saco de café tostado, clasificado como «mercancía de consumo consumible», no está lista para consumir. Es algo parecido al pollo crudo, que hay que cocinarlo para poder saborearlo. El comprador de café tostado debe saber cómo preparar el café antes de que esté listo para beber, incluso aunque no tenga suficientes conocimientos sobre lo que consideramos una preparación «en condiciones». El café es aún más complicado debido a la cantidad de manos por las que pasa, del agricultor a la estación de lavado, de la molienda a la tostadora, y finalmente al consumidor, tanto en su forma tostada o como producto preparado. Cada persona preparará una taza del mismo tueste del mismo café de forma diferente, e incluso la misma persona puede preparar el mismo café de forma diferente, aunque ponga su mayor empeño.

Hacia un futuro inclusivo

Diseñar para la inclusividad requiere una cierta mentalidad. Cuando se evalúa un problema que hay que resolver, diseñar para la exclusividad significa que hay que considerar el efecto que tendrá sobre los posibles usuarios (o clientes) que van a encontrarse con ese diseño.

Tomemos, por ejemplo, el problema que comentamos anteriormente: que la preparación que requiere el café antes de poder disfrutarlo está condicionado por la falta de uniformidad de la mano humana. Se han dicho muchas cosas sobre la importancia de la consistencia para el futuro de la industria de la especialidad (no vamos a ser reiterativos), pero una de las formas en las que podemos perseguir la inclusividad y la accesibilidad en nuestra industria es la promoción de la consistencia en nuestro producto final. El gran salto en las ventas de bebidas preparadas frías a lo largo de los últimos años es testigo de ello: solamente en los EE.UU., las ventas de bebidas preparadas frías ha experimentado un crecimiento del 370 por ciento en 2017 respecto a las ventas de 2015.[1] Mientras que este éxito es en parte debido al sabor del producto, pensamos que probablemente tenga más que ver con el cambio que se ha producido en la forma de presentarlo al público: las bebidas preparadas frías se preparan en grandes lotes (consistencia) y se presentan como productos listos para consumir (accesibilidad). A mayor número de opciones creativas para atraer a nuestros clientes mediante nuestros productos, mayor será la promoción de una experiencia cómoda y accesible. El uso de la tecnología  la innovación para mitigar la variabilidad que sufrimos debido a la inconsistencia, nos permitirá acceder a mercados a los que nunca soñamos con llegar; conseguir hacer el café de especialidad accesible para una parte de la población que aún no ha tenido ocasión de probarlo nos dará un gran impulso.

Una forma de hacerlo es tomar los elementos de la preparación por lotes y de la forma de servir las bebidas listas para tomar que existen en el sector de las bebidas frías y aplicarlos a otros productos dentro de la oferta de especialidad. Si podemos innovar introduciendo nuevas formas de crear y servir las bebidas que gustan a la gente de forma que fomente unos lotes más grandes y homogéneos, el impacto será enorme. ¿Y si pudiéramos servir cualquier bebida de nuestro menú de forma instantánea como sucede con los grifos en las cervecerías? Imaginemos que somos capaces de producir un galón de expreso (unos 3,8 litros) de una vez mediante un sistema que permita servirlo días después sin perder un ápice de calidad. Este tipo de innovación cambiaría totalmente el paradigma de la especialidad: tiempos de espera, formación y, desde luego, homogeneidad.

Otra forma en la que podemos perseguir la inclusividad es reconsiderar los elementos de envasado o la experiencia de compra del café, que consideramos «defectos», e intentar enfocarlos como oportunidades de compromiso. Después de la tostación, los granos de café emiten una cantidad de dióxido de carbono considerable. Puesto que el café se deteriora más rápidamente cuando se expone al oxigeno, algunos tostadores envasan su café ya tostado en bolsas de plástico con válvulas desgasificadoras que ofrecen una salida a los gases del interior de la bolsa (sin dejar entrar el aire al interior). Históricamente, las válvulas de desgasificación a menudo están ocultas en la parte trasera de los envase, ya que muchas de las personas que toman las decisiones piensan que no resultan atractivas. El pensamiento inclusivo en el diseño nos anima a cuestionarnos cómo podemos hacer que los productos nos resulten más atractivos, accesibles y transparentes a todos, ya antes de comprarlos. En el caso de las válvulas de desgasificación, son un fantástico portal aromático de acceso al café que está comprando el consumidor sin tener que abrir el paquete. ¿Por qué no utilizarlas como medio para educar en lugar de esconderlo como si de un defecto se tratara?[2] Si la válvula de desgasificación se presentase en la parte trasera del envase destacándola y animando a los clientes a oler el café a través de ella, los consumidores podrían tomar una decisión con más fundamento basándose en el aroma de los granos tostados. Es más, esta característica de diseño anima a los tostadores a producir un café con el mejor aroma posible para atraer al consumidor.

El café de especialidad puede ser inclusivo y accesible. A medida que crecemos dentro de nuestra industria, debemos determinar qué es lo que nos distingue como especialidad y basarnos en ello. Pero también debemos buscar de forma incansable nuevas maneras de diseñar nuestros productos y cafés para aquellos que se encuentran fuera del entorno del café de especialidad, para que nuestra industria promueva el café entre todo tipo de gente.

HOBY WEDLER es totalmente ciego y es el fundador de Senspoint Design, una empresa de educación y diseño sensorial. TREY MALONE es fundador y director de Cold Craft Brewing Lab, un laboratorio para la investigación e innovación del café, y de Bottle Neck Solutions, una compañía de co-packing.

[1] Según informó Forbes en mayo de 2018.

[2] Este es un ejemplo extraído del trabajo realizado por Hoby Wedler en Senspoint.

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