Subvirtiendo las expectativas en Palazzolo Acreide – 25 Magazine: Issue 6

Subvirtiendo las expectativas en Palazzolo Acreide – 25 Magazine: Issue 6

LLa isla de Sicilia, como gran parte de Italia, tiene una cultura de slow food y de consumo de productos locales protegidos. Los sicilianos aprecian profundamente los conceptos de terruño, variedad y elaboración – no solo en el vino, sino en casi todo lo que se produce en la isla: aceites de oliva, almendras, ricottas y salsicce (salchichas).

A pesar del profundo apego tradicional y cultural de Sicilia al café, JENN RUGOLO nunca había albergado ninguna esperanza de encontrar esos mismos conceptos aplicados a él. Un encuentro inesperado, en un bar tradicional de una pequeña aldea al sudeste de Sicilia, le hizo cuestionarse estas expectativas.

Sicilia, que una vez fue encrucijada de caminos del Mediterráneo, ha sido la cuna de muchas civilizaciones, empapando la isla con complejas capas de historia y tradición. Esta rica historia, combinada con una variedad única de características geológicas, convierte a la isla en hogar de siete lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Dos de ellos están íntimamente relacionados con la ubicación de Sicilia en la confluencia de las placas tectónicas Africana y Euroasiática: el monte Etna, el volcán activo con más altitud en Europa, y el Val di Noto, un grupo de poblaciones en la provincia de Siracusa, reconstruidas tras un devastador terremoto en el año 1693 con un estilo barroco tardío hermosamente ornamentado.

Ubicado en una pendiente de la meseta Iblea, el pueblo de Palazzolo Acreide, en el Val di Noto, está presidido por la antigua ciudad de Acras, fundada por colonos corintios procedentes de la gran ciudad costera de Siracusa en el año 663 a.C. Ambos parecen haberse detenido en el tiempo: Acras, en el momento en que se abandonó en el siglo IX; Palazzolo, en un año indeterminado a mediados del siglo XIX. Como visitante, parece el epítome de una pequeña aldea: todo el mundo conoce a todo el mundo. Quizá se perciba de forma aún más evidente sentado en la terraza del Bar del Corso Infantino, fundado en 1965. Los lugareños se sientan fuera en las mesas, saludando a sus vecinos y amigos cuando pasan caminando en dirección a la calle más bulliciosa de Palazzolo.

A pesar de la fuerte herencia siciliana en los nombres y el color del pelo, obviamente yo no soy de aquí – especialmente a ojos del barista, Giuseppe. Tampoco lo es mi compañero de viaje, un antiguo campeón barista. No estamos aquí para pedir un café – el café siciliano tradicionalmente es corto, oscuro, denso, no de mi gusto particular –, sino para probar la cassatina, un pequeño bizcocho empapado en licor con capas de ricotta y fruta confitada envueltas en mazapán. Pero, cuando Giuseppe reconoce a mi acompañante, se muestra emocionado por poder compartir su café con nosotros; su entusiasmo es contagioso.

Giuseppe se disculpa mientras toma un puñado de café de una impoluta tolva y nos lo tiende para que lo inspeccionemos. «No es de especialidad», nos indica. No tiene por qué disculparse; mis expectativas ya se habían visto totalmente trastornadas: el café tenía un tueste medio. Cuando Giuseppe me acerca un expreso, mis expectativas sobre el café tradicional siciliano se diluyen completamente: el tiro está bien extraído según los parámetros de especialidad, suave y agradable. No se parecía nada al café siciliano que esperaba encontrarme.

Tomándonos el café nos enteramos de que este Giuseppe, Giuseppe Valvo, ha estudiado con el campeón italiano de Latte Art de 2016, Giuseppe Fiorini de Insolito Café, cerca de allí, en la igualmente antigua ciudad de Siracusa. Ha asistido a cursos sobre café. Ha participado en competiciones y ha viajado a ferias de muestras sobre el café.

Cuando nos tenemos que marchar de Palazzolo Acreide, aún me quedan algunas preguntas. La primera es la más incómoda: ¿Cuándo me convertí en alguien que acepta presunciones como la del café de Sicilia?  Aunque hay otras que aún persisten: ¿Habría tenido la oportunidad de que mis expectativas sufrieran un vuelco en caso de haber viajado solo y de incógnito? ¿Cómo puedo estar seguro de que en el futuro volveré a disfrutar de oportunidades inesperadas? ¿Qué nos estamos perdiendo cuando dejamos que nos guíe aquello que esperamos?

JENN RUGOLO es el editor de 25, la revista trimestral para miembros de la SCA.