Recuperación: la resiliencia en el café de especialidad – 25 Magazine, Issue 10

Recuperación: la resiliencia en el café de especialidad – 25 Magazine, Issue 10

SSi la «sostenibilidad» se convirtió en la palabra de moda dentro del café de especialidad hacia finales del siglo XX, parece que el término «resiliencia» va camino de tomar su relevo en este siglo XXI.

ERIKA KOSS investiga las diversas formas en que definimos «resiliente» y su importancia en el café de especialidad.

Esta explosión de la «investigación sobre la resiliencia» – detectada por un científico sueco, el Dr. Carl Folke – se ha traducido en un incremente desde las 250 publicaciones científicas sobre la resiliencia en 2006 hasta las más de 6.000 en 2016. Como cofundador y director científico del Stockholm Resilience Centre de la Universidad de Estocolmo, el Dr. Folke se encuentra entre los principales líderes mundiales del «resilience thinking». Si bien la definición que dicho centro da a la resiliencia es «la capacidad de afrontar los cambios y seguir desarrollándose», tras este término subyace una complejidad mucho más profunda.[1]

No se trata simplemente de un tratado académico – el enfoque de la resiliencia es un movimiento global. Generalmente vinculado a otros términos como «planificación» o «política», o junto con cuestiones de sostenibilidad («resiliencia climática»), la resiliencia se presenta como algo que debe fomentarse, potenciarse, mejorarse, sostenerse, desarrollarse y, por desgracia, financiarse. Cada vez es más común encontrarse con iniciativas globales[2] y con nuevos puestos de trabajo («agentes de resiliencia», «especialistas en resiliencia climática», e incluso «profesores de resiliencia»).

Dentro del café de especialidad,  nos encontramos con un auge similar en la retórica de la resiliencia, alimentado por algunas organizaciones no gubernamentales internacionales, además de otras dentro del campo de la ciencia. Por ejemplo, la ONG Lutheran World Relief define la resiliencia como un enfoque que incluye la capacidad de «absorber los impactos y los factores estresantes; adaptarse a circunstancias cambiantes; y transformarse en un entorno de incertidumbre» como resultado de un acontecimiento disruptivo, como puede ser un desastre, una enfermedad o un conflicto.[3] Para la agencia humanitaria Catholic Relief Services, la resiliencia es una «lente» a través de la cual «la gente y los sistemas son capaces de mitigar impactos y adaptarse a ellos, y están preparados para responder a los mismos y recuperarse de ellos rápidamente».[4] Y ahora, World Coffee Research está concentrando sus esfuerzos en la creación de variedades de café «resilientes al clima».

Todo esto tiene gran importancia, ya que la forma en que definamos y apliquemos este término dentro en el café de especialidad tendrá un impacto en los actores humanos de la compleja cadena de suministro del café. ¿Realmente podemos «crear» resiliencia desde el exterior?

Haciendo un seguimiento de «Resiliencia» como concepto

Aunque históricamente se empleaba únicamente como verbo, la palabra «resiliencia» que utilizamos hoy día deriva del latín y, tal y como lo usaban los poetas de principios del siglo XVII, se basa en la idea de un impulso poderoso y sensual hacia un objeto de origen.[5] Avanzando rápidamente hasta el siglo XX, encontramos un nuevo uso en el campo de la psicología: una persona es resiliente si se recupera rápidamente ante una gran adversidad. El psiquiatra Steven Southwick lo resume desde un punto de vista eminentemente médico definiendo la resiliencia como «la capacidad de flexionarse sin romperse, de recuperarse y, quizá de incluso crecerse ante experiencias adversas de la vida».[6] Cuando, posteriormente, el término llegó al ámbito de la ingeniería, se empezó a considerar que un objeto es resiliente cuando es «fuerte, adaptable, robusto, resistente», y por tanto puede volver a su forma original cuando se estira.

La bibliografía está plagada de referencias que indican que la resiliencia es algo deseable y positivo. Sin embargo, hay una cuestión común a los tres campos mencionados (literatura, psicología e ingeniería): la resiliencia no se puede crear. Es algo inherente a las propiedades del objeto, entidad, persona o experiencia en cuestión. ¿En qué momento el enfoque pasó de fomentar la resiliencia a crearla?

Parte de la respuesta a esta pregunta llegó cuando «resiliencia» entró a formar parte del discurso ecológico en 1973, cuando el ecologista teórico canadiense C. S. Holling publicó un artículo en la revista anual Review of Ecological Systems, y que daría lugar a la fundación de un movimiento académico interdisciplinar global. El artículo, llamado «Resilience and the Stability of Ecological Systems», definía la resiliencia en contraste con el «equilibrio» o la «estabilidad».[7] La opinión predominante en ese momento asumía que el mundo natural es homogéneo a lo largo del espacio y el tiempo, y para intentar encontrar un modelo de comportamiento de los sistemas dinámicos sin equilibrio, Holling trató de probar lo contrario. ¿Qué pasaría si fuera la inestabilidad la que «introduce una resiliencia y una capacidad para persistir»?

Finalmente, descubrió – ofreciendo argumentos – que no solamente todos los sistemas experimentan disrupciones, sino que son vitales para que todas las capacidades del sistema vuelvan a un «estado de equilibrio» tras una perturbación. Fue aún más lejos, llegando incluso a afirmar, por ejemplo, que un bosque no puede ser resiliente si no se produce de vez en cuando algún incendio que lo queme completamente y pueda así «absorber el cambio». En otras palabras, Holling se hacía esta pregunta: ¿Cuánta «perturbación» puede absorber un sistema sin cambiar?

La resiliencia hoy: ¿Hacia dónde se dirige desde aquí?

Holling, y muchos otros estudiosos que le siguieron, no se fijaban en sistemas de gente. Analizaban ecosistemas naturales de cosas como bosques o poblaciones de peces. Pero los humanos no son bosques ni son peces. Desde que Holling publicase su artículo en 1973, docenas de estudiosos de diferentes disciplinas académicas han respaldado diferentes definiciones y aplicaciones de la resiliencia, creando un glosario que incluye diferentes temas problemáticos de cara al siglo XXI.

El «Resilience thinking» (pensamiento resiliente) afirma ofrecer un enfoque de la complejidad, las redes, la causalidad y la acción de formas diferentes e innovadoras. En las áreas de las ciencias políticas y el desarrollo internacional, la «resiliencia» se usa como medio para que unas personas ayuden a otras a evitar y escapar de la pobreza crónica ante la gran cantidad de factores estresantes e impactos que deben afrontar. Lo que antes se consideraba «subdesarrollo» o «pobreza» ahora recibe la etiqueta de «vulnerabilidad». Los modernistas se centraban en el «desarrollo» y en el «alivio de la pobreza»; ahora, los postmodernistas enfatizan la «resiliencia» y el «fortalecimiento de capacidades». Es en estas nuevas definiciones donde empezamos a ver el paso de impulsar la resiliencia a crearla.

En esta nueva forma de pensar, sin embargo, puede que la «resiliencia» esté perdiendo su significado. Si se convierte en una «característica monótona de algo», corre el riesgo de no significar absolutamente nada.[8]

A pesar de esto, es posible descubrir cómo toda esta retórica de la resiliencia puede resultarnos de utilidad. Ofrece la posibilidad de expresarse a todos aquello que sufren algún dolor que no puede definirse recurriendo a referencias cómicas, trágicas o a factores estresantes, ya sean internos o externos. Puede animar a las personas, familias, comunidades y ciudades a trabajar conjuntamente. Incluso puede proporcionar algo de esperanza para que diferentes tipos de sistema logren mitigar el riesgo.

La resiliencia en el café de especialidad

¿Es realmente la resiliencia un enfoque nuevo en la búsqueda del «empoderamiento» de las comunidades del café? La resiliencia no es lo mismo que la «sostenibilidad», pero ambos términos se usan indistintamente en demasiadas ocasiones. ¿Pueden los enfoques aplicados a la resiliencia realmente ayudarnos a alcanzar los objetivos humanitarios y de desarrollo que nos permitirían que los más pobres y vulnerables no solo se recuperen sino que puedan avanzar? ¿Puede la resiliencia medir distintas variedades de «perturbación» y su impacto en el «equilibrio» de pueblos diversos, especialmente cuando hay tantas comunidades del café sin unos cimientos firmes en los que apoyarse?

El discurso sobre la resiliencia se apoya en una paradoja fundamental: El mundo está más allá del control del ser humano, y aun así un grupo de humanos desde una parte del planeta intenta «crear resiliencia» para otro grupo de humanos que se encuentra en el otro extremo del mundo. La resiliencia en este caso brilla como una bala de plata: Si una comunidad dispone de la flexibilidad y preparación adecuadas, cada persona podrá controlar su propio nivel de riesgo. Pero, sin estructuras que amortigüen los impactos y las perturbaciones que sufren las comunidades del café en primera instancia, la resiliencia puede convertirse en otro concepto que perpetúe los legados relacionados con el colonialismo y el capitalismo.

Puede que no seamos capaces de «crear resiliencia» de la forma en que el la concepción actual de la palabra sugiere, pero podemos trabajar para crear unos cimientos firmes que permitan que las comunidades del café – que ya se encuentran entre los grupos de personas más resilientes del mundo – no solo se recuperen, sino que avancen tras un desastre.

Por ejemplo, las «semillas resilientes» creadas por World Coffee Research, entregadas a pequeños agricultores, suponen una vía hacia adelante muy importante desde la comunidad científica cafetera. Twin, una ONG que se centra en el desarrollo a través del comercio, publicó un sólido informe en 2017 titulado Coffee and Climate Change: Moving from Adaptation to Resilience (Café y Cambio climático: pasando de la adaptación a la resiliencia), y focalizó su trabajo dedicado a la «resiliencia climática» en cuatro cooperativas de café en Colombia, Nicaragua, Uganda, y Vietnam.[9]

Pero, desde un punto de vista político, económico y social, ¿cómo podemos evitar que se perpetúen los legados relacionados con el colonialismo y el capitalismo estableciendo dichas bases?

Será esencial que quienes nos dirijan sean partes interesadas, y también será importante escuchar activamente a aquellos a los que normalmente se mantiene silenciados, a los que no se les escucha o a los que no se les hace caso (léase: mujeres y gente joven). (Por supuesto, Catholic Relief Services cree que la gente vulnerable debería ofrecer su propia definición de lo que es la resiliencia.)

Pero, para que se produzca una transformación duradera, muchas estructuras del siglo XXI deberán cambiar: por ejemplo, las mujeres deben tener derecho a poseer sus propias tierras; la gente joven debe tener acceso al capital para introducir innovaciones; las familias necesitan disponer de atención médica. Estas y otras disposiciones deberían existir permanentemente y no solamente durante épocas de sequía o después de una guerra. En primer lugar, deberán existir unos cimientos firmes en los que apoyarse si queremos una resiliencia a la que tanto productores como consumidores puedan adaptarse, que les permita transformarse y prosperar ante la aparición de vicisitudes de naturaleza interna o externa.

Porque, incluso si una parte de nuestra compleja cadena de suministro global carece de resiliencia, ¿cómo seremos capaces de avanzar hacia un futuro próspero con el café?

ERIKA KOSS es formadora autorizada de la SCA dentro del programa de habilidades sobre la sostenibilidad en el café de la SCA, estudiante de doctorado en Estudios de desarrollo internacional en la Universidad de Santa María en Halifax, Canadá, e investigadora asociada en el Instituto de estudios sobre desarrollo en la Universidad de Nairobi, en Kenia.

Resiliencia: Orígenes y etimología

Las palabras son el combustible para el cambio duradero. ¿Cómo las primeras expresiones referidas a la palabra «resiliencia» sirven para guiar nuestro discernimiento e interpretación actual del término?

Históricamente utilizada solamente como verbo, la palabra que actualmente empelamos como «resiliencia» deriva del verbo en latín salio(-ire): «saltar, brincar». El poeta Ovidio solía utilizar este verbo, salire, como palabra activa y emotiva a la hora de describir, por ejemplo, cómo se mueven las fuentes (en Ars Amatoria) o lo que hacen los peces y las ranas cuando llueve (en Metamorphoses).

Al añadir el prefijo «re» al verbo (re + salire) para formar «resiliente», se confiere al término una mayor elasticidad de acción – «saltar hacia atrás desde, recular, retroceder» – respecto al espacio y el tiempo. El Oxford English Dictionary atribuye el primer uso registrado de la palabra «resiliencia» a un capítulo del Sylva Sylvarum: Or a Natural History in Ten Centuries, Una colección de notas de laboratorio de Francis Bacon (1561–1626) publicada póstumamente donde se comentan las propiedades del sonido.

Más de doscientos años más tarde, puede encontrarse el primer uso poético de la palabra en el poema de 1834 «Hymn to the Earth» (Himno a la Tierra) de Samuel Taylor Coleridge. «Mucho más poderosa era la dicha de tu repentina resiliencia», proclama el poeta al describir la órbita de la Tierra como un cortejo de los Cielos hacia el planeta.

 

[1] Folke, C. (2016). Resilience (Reeditado). Ecology and Society, 21(4), 44.

[2] Nos vienen a la cabeza nombres como «Resiliencia para todos» (Resilience for All) de las Naciones Unidas, o las cuantiosas becas ofrecidas por la Fundación Rockefeller correspondientes a su iniciativa «Ciudades resilientes» (Resilient Cities).

[3] Ferretti, S. (2016). «Café Project Evaluation». Informe de Lutheran World Relief. Baltimore, Maryland.

[4] Catholic Relief Services (CRS). (2017) «Understand and Assessing Resilience». Informe. Baltimore, Maryland.

[5] Consulte «Resilience: Origins and Etymology».

[6] Southwick, S. M. et. al, (2014). «Resilience definitions, theory, and challenges: interdisciplinary perspectives». European Journal of Psychotraumatology, 5, 10.3402.

[7] Holling, C. (1973). «Resilience and Stability of Ecological Systems». Annual Review of Ecology and Systematics, 4(1), 1–23.

[8] Duffield, M. (2012). «Challenging environments: Danger, resilience and the aid industry». Security Dialogue, 43(5), 475–492.

[9] TWIN y el Informe de comercio Twin. (2017) Coffee and Climate Change: Moving from Adaptation to Resilience. Publicado en Londres por Twin.

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