Cafeteritos de Colombia – 25 Magazine, Issue 10

Cafeteritos de Colombia – 25 Magazine, Issue 10

NNo es ningún secreto que la gente joven que vive en Marsella Risaralda ha emigrado a otras ciudades en busca de mejores oportunidades – si las plantaciones de café no ofrecen garantías de estabilidad económica a los pequeños productores, la recolección de café está claro que no lo hará.

El fotógrafo JUAN PÁEZ pregunta: Con tanta gente joven buscando oportunidades laborales y formación en otros lugares, ¿es posible preservar la cultura del café en Colombia?

Desde 2011, Marsella Risaralda forma parte del paisaje cultural del café colombiano protegido por la UNESCO, constituido por seis ubicaciones con dieciocho asentamientos urbanos en la parte central de la cordillera de los Andes. Como resultado de la adaptación de los colonos antioqueños a la zona en el siglo XIX, la región está marcada por rasgos geográficos y por la tipografía arquitectónica local. En Marsella, el café no solo es una parte del paisaje físico, sino que está profundamente enraizado en las tradiciones culturales de la región. El café está presente en la arquitectura de Marsella; tiene impacto en la forma en la que la comunidad se reúne y celebra. Está en su comida, en su música…

Pero un vacío cultural acecha: los altos costes de la producción del café, una caída en el precio en el mercado internacional, la falta de mano de obra, y los impactos del cambio climático están obligando a la gente joven a irse a otro lugar a buscar mejores oportunidades. ¿Y por qué no? ¿Qué es lo que ganaría la comunidad local conservando, además de las tradiciones culturales profundamente arraigadas, una tradición de inestabilidad económica?

The billiard halls in Marsella are places of conversation where fresh coffee is never lacking. The town consumes an average of five cups of coffee per person per day.

Las salas de billar de Marsella son lugares de conversación donde nunca falta café recién hecho. El pueblo consume una media de cinco tazas de café por persona al día.

The “jeepaos” are public transport to reach the most difficult corners of the surrounding coffee landscape. “The curling mountains and stone paths make it difficult to move people and coffee,” says Juan.

Los «jeepaos» son medios públicos de transporte para llegar a los rincones más inaccesibles del panorama cafetero circundante. «Las onduladas montañas y los senderos de piedra hacen que sea muy difícil el movimiento de gentes y del café», indica Juan.

A picker walks the path through La Piscina (“The Pool”), the closest estate to Marsella. Its size and proximity to the town mean that many pickers like to work here.

Un recolector recorre el camino que atraviesa La Piscina, el estado más próximo a Marsella. Su tamaño y su proximidad al pueblo hacen que a muchos recolectores les guste trabajar allí.

A child runs through the courtyard of the huge House of Marsella Culture to their band class. The building, which also houses a museum of Paisa culture, is a prime example of the local architectural typography, a fusion between Spanish cultural patterns and indigenous culture of the region adapted specifically for coffee production.

Un niño atraviesa corriendo el patio de la enorme Casa de la Cultura para asistir a la clase de la banda. El edificio, que también alberga un museo de la cultura Paisa, es un claro ejemplo de la tipografía arquitectónica local, una fusión entre los patrones culturales españoles y la cultura indígena de la región adaptada específicamente a la producción de café.

Maria Ángel Londoño, “Panchita,” has picked coffee for 75 of her 80 years. “She never had an education because her father was very conservative and demanded that daughters never intervene in society,” says Juan. She doesn’t think picking coffee is a good way to live, so she made sure her daughters received an education so that they wouldn’t need to “live what she had to live.”

Maria Ángel Londoño, «Panchita», ha recolectado café durante 75 de sus 80 años de edad. «Nunca recibió una educación debido a que su padre era muy conservador y exigía que sus hijas nunca participasen en la sociedad», dice Juan. No cree que recolectar café sea una buena forma de vivir, así que se aseguró de que sus hijas recibieran una educación de manera que no tuvieran que «vivir lo que ella ha tenido que vivir».

Coffee pickers start their workday from 5am, even when the sun hasn’t yet risen. An average adult picker will collect 80–100 kg a day, but the most skilled aim to collect more than 200 kg of cherry daily. Young pickers only reach 40–50 kg. For this, pickers will earn €49 (US$55) a week.

Los recolectores de café comienzan su jornada a partir de las 5 a.m., incluso antes de que salga el sol. Un recolector adulto medio recolecta entre 80 y 100 kg al día, aunque los más hábiles pueden llegar a recoger más de 200 kg de cerezas al día. Los recolectores más jóvenes solo llegan a los 40 – 50 kg. Por este trabajo, ganan 49 € a la semana (unos 55 $).

Noelba Garcia (55) and her daughter Manuela (14) pose for a portrait together. “Noelba tells me that the best thing she can teach Manuela is the ability to survive any adversity,” says Juan. When coffee prices fell in 2018, Noelba – a coffee picker – had to take on additional work in hotels and made chorizos (which sold well) to bolster her income. Despite this, her monthly salary doesn’t exceed €180 (US$200). Manuela is studying at an agricultural school, but she doesn’t enjoy working in the field. She doesn’t feel like she’s a part of the coffee community.

Noelba García (55) y su hija Manuela (14) posan para un retrato juntas. «Noelba me cuenta que lo mejor que puede enseñarle a Manuela es la capacidad para sobrevivir ante cualquier adversidad», indica Juan. Cuando los precios del café cayeron en 2018, Noelba (recolectora de café) tuvo que aceptar un trabajo adicional en algunos hoteles y se puso a elaborar chorizos (que vendía con facilidad) para impulsar sus ingresos. A pesar de esto, su salario mensual no sobrepasa los 180 € (200 $). Manuela está estudiando en una escuela agrícola, pero no le gusta trabajar en el campo. No se siente parte de la comunidad del café.

Julián Rosas teaches other children from Marsella’s troubled areas how to brew filter coffee, a skill he learned in the “Cafeteritos de Marsella” program of the Marsella Juega y Educa Foundation. Created by Spanish architect Javier Sánchez, the program encourages young people to explore and adopt the local coffee culture through games and science. Many of the program’s attendees dream of having their own business one day.

Julián Rosas enseña a otros niños de zonas conflictivas de Marsella cómo preparar café filtrado, una habilitad que él aprendió del programa «Cafeteritos de Marsella» de la Fundación Marsella Juega y Educa. Creado por el arquitecto español Javier Sánchez, el programa anima a los jóvenes a explorar y adoptar la cultura local del café a través de juegos y ciencia. Muchos de los asistentes al programa sueñan con tener su propio negocio algún día.

Salomé López and Sofia Cortés are beneficiaries of the Marsella Juega y Educa Foundation, supported by coffee growers in the region. In the first year after its founding, the soccer school (Sonreír No Cuesta Nada, “Smiles are Free”) was first runner-up in the national championship.

Salomé López y Sofia Cortés con beneficiarias de la Fundación Marsella Juega y Educa, con el apoyo de productores de café de la región. Durante el primer año a raíz de su creación, la escuela de fútbol (Sonreír No Cuesta Nada) resultó finalista en el campeonato nacional.

JUAN PÁEZ es un fotógrafo freelance instalado en Bogotá, Colombia. Conozca su trabajo en Instagram, visitando @juanpaez83.

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